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Profe de idiomas: lo que cambio entre mi primer año y ahora

Ser profe es un aprendizaje infinito. Pensamos que lo controlamos y viene un grupo que te descuadra todo, un libro que te cambia la visión o una formación que te da la vuelta a lo que estabas acostumbrada a hacer.

Hoy he querido hacer un poco de introspección en estos 16 años que llevo en las aulas.

#1 Mi visión de lo que tiene que ser una clase

Mi primer año como profe fue muy dulce. Trabajaba en Escocia y a la vez de empezar mi carrera descubría otro país y otra manera de enseñar. Pero al venir a Mallorca y empezar a trabajar en el liceo francés (contexto muy familiar para mi: soy francesa, he nacido y crecido en Francia) tenía unas ideas muy claras de cómo tenían que ser las clases.

Además, por muy presumida que era, pensaba que aportaba mejoras porque hacía juegos, dinámicas y todo tipo de cosas que no había tenido el privilegio de hacer en mis años como alumna.

No obstante, con el tiempo, me doy cuenta que tenía muchos “mandatos” y etiquetas de cómo tenía que ser una clase. Realmente estos “mandatos” no estaban allí porque así se hace mejor clase, sino que por mi experiencia como alumna o lo que conocía (hasta que descubrí TPRS-CI®).

Me dí cuenta que pensaba que una clase tenía que ser:

  • con orden y tranquila
  • alumnos haciendo ejercicios de gramática
  • juegos para “dinamizar”
  • conocimientos sobre el idioma
  • ejercicios para “practicar”
  • contenidos y programación en orden
  • notas, notas, notas, etc.

 

Después de 16 años te puedo decir que he cambiado radicalmente mi opinión, sobretodo después del cambio a TPRS-CI® me interesa mucho más hacer actividades que sé que sirven de verdad a la adquisición en vez de dinámicas que rellenan y entretienen durante el tiempo de clase.

La programación es una guía, pero no el camino obligatorio a seguir: son mis alumnos y alumnas que marcan el ritmo y el paisaje para llegar al destino.

Una clase con ruido no es una mala clase.

#2 Mi visión del trabajo del docente

Como toda novata, empecé con mucha ilusión (sigo teniendo ilusión sino no estaría escribiendo este blog) y le dedicaba mi vida. Así es, mi vida.

En Escocia monté un club de teatro en francés, incluso ganamos un premio por la Alliance française de Glasgow. En el liceo francés, siempre estaba allí cuando hacían falta manos y me daba igual si me pagaban o no.

En el cole internacional, hacía extra-escolares de francés, coordinaba 5 ligas de debates en inglés, monté un intercambio con un cole de París y un proyecto de Slam en francés (por el que también gané un premio educativo).

Para mi un buen profe era el que estaba comprometido y dispuesto a sacrificar de su tiempo por el bien de la comunidad escolar.

Ahora mi visión ha cambiado muuuucho. He dado tanto y he recibido tan poco por parte de dirección. Siempre que las cosas se han puesto difíciles, todo el mundo se lava las manos. Cuando las cosas se ponen guays están todos a tu lado para recoger los frutos de TU trabajo.

Ahora opto por un equilibrio entre vida personal y vida profesional. He aprendido a conocerme mejor y sé que tiendo a ofrecerme para ayudar siempre. Pero me retengo la lengua y observo. No quiero ser más la que tira del carro mientras los demás miran o simplemente no están para ayudar.

Si quiero estar bien en clase, necesito estar bien yo primero. Y para esto, necesito desconectar y proteger mi tiempo.

 

#3 Mi visión sobre la educación

Mi experiencia como madre ha jugado un papel importante para saber lo que es estar al otro lado.

Por favor, dejar de torturar a todo el mundo con deberes. El tiempo de clase es el tiempo de clase y el tiempo de casa, el de casa.

Quiero disfrutar con mis hijos y no pelear por culpa de los deberes.

Ahora no mando nunca deberes. Aprovecho mis pocas sesiones (2 de 50 minutos a la semana) para hacer lo que es más eficiente y dejo a los alumnos y alumnas en paz.

He dejado de decir cosas como: “No saben”, “No tienen nivel”, “No podemos hacer nada con este grupo”. Mi papel es elevar a los alumnos y no machacar con los contenidos. Tomo mucho más en consideración a los alumnos y alumnas que antes.

Intento ser más empática (me enfado igual algunas veces y no todo es de rosa por supuesto).

La educación tiene que ser una puerta para elevarse y disfrutar mientras. Muchos lo pensamos y lo decimos, pero no nos damos cuenta que algunas palabras, reflexiones o prácticas siguen manteniendo estos “mandatos” que tenemos por condicionamiento o inercia.

¿Y para ti, cómo ha evolucionado tu visión sobre tu profesión? Cuéntame en los comentarios.

Gracias por estar aquí.

Hélène

 

2 comentarios
  1. Beatriz 2 marzo, 2021

    Salut Hélène! Cuanta razón llevas! Y que reflejada me veo en ti cuando cuentas lo de estar activo y participar en todo… Lo que no me queda claro es qué son para ti esos mandatos??

    Responder
    • Hélène Colinet 10 marzo, 2021

      los mandatos son como imposiciones por la sociedad o nuestro entorno y ni nos damos cuenta. Estamos como “condicionados” por ellos sin saberlo.

      Responder

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